Creo que no me excedo si afirmo que todos entendemos lo que es la motivación. Sin embargo, ¿sabemos de dónde proviene? ¿Alguna vez te has preguntado qué es lo que te impulsa?
La motivación podría definirse como el esfuerzo intenso y dirigido hacia un objetivo. La dirección del esfuerzo se entiende como la búsqueda de situaciones que atraen a una persona, y la intensidad es proporcional a la fuerza con la que se desea esa situación y el empeño que se pone en ella.
Es el determinante más poderoso del comportamiento humano, ya que lo regula y dirige. También es la clave para lograr adhesión y compromiso hacia el deporte. Simplificando mucho, podemos decir que hay dos tipos de motivación en cuanto al deporte de élite: la motivación interna (la satisfacción y/o placer derivado de una buena práctica) y la motivación externa (la recompensa económica) por ejemplo. Y no necesariamente son incompatibles.
La teoría de las metas de logros de Nicholls, J. G. (1989) entiende estos dos tipos de motivación como: la orientación hacia la tarea, en la cual el éxito está definido en función del progreso personal y el dominio de la tarea. O bien, la orientación al ego, donde el éxito viene dado por la superación de los rivales y la demostración de superioridad. A su vez, estas orientaciones están influenciadas por la percepción del entorno del deportista, es decir, los padres, entrenadores, compañeros, rivales, amigos, espectadores, etc. ¿Hacia dónde te está llevando tu enorno?
En mi opinión, como mencioné antes, ambas formas de motivación son compatibles, pero, ¿son igualmente eficaces? En principio, parece que sí, ¿no es así? Cualquiera que tenga un poco de experiencia en competición sabrá que cierta cantidad de dinero, por ejemplo, es una fuente de motivación muy potente para dar ese extra ese día. Sin embargo, me parece que es una visión a corto plazo del éxito y que puede provocar mayor frustración y, por lo tanto, pérdida de motivación si no se logra con éxito la tarea.
Mientras que la orientación hacia la tarea quizás no sea tan potente en un primer momento, pero aumentará la autoconfianza, las ganas de superación personal, así como la satisfacción y el placer, propiciando un aumento saludable de la motivación.
La clave reside en encontrar una armonía entre estas dos formas de motivación y en evitar que el factor externo desvíe toda nuestra atención hacia el ego. ¡Porque no solo se trata de ganar, se trata de ganar de manera sana!
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